19 de septiembre de 2013

Evolucionar o morir



En los últimos años estamos asistiendo a cambio estructurales en algunos sectores de industrias muy consolidadas que han ejercido y siguen ejerciendo un gran poder político, mediático y que en muchos casos prestan servicios estratégicos a la sociedad.

Los primeros casos vinieron de la mano; la inesperada convulsión en la industria cinematográfica y la discográfica. Internet llegó con ansias de cambiar el mundo y los primeros sectores más afectados por la irrupción de Internet en la sociedad fueron estos dos. Sectores que hasta finales de los 90 disfrutaban de rentabilidades envidiables y envidiadas vieron cómo su público comenzaba a desaparecer, fagocitado por la red y el intercambio libre de información digital, ya fuera una película, una canción, un libro o un videojuego. Ante la obvia pérdida de competitividad, posicionamiento y rentabilidad, las industrias del ocio de consumo patalean y lejos de reinventar su modelo, analizar la evolución que ha sufrido su público, sus nuevos hábitos de consumo digital, se revuelven, gritan y piden a los Gobiernos que regulen, que legislen y que el intercambio de información sea ilegal, sea un delito penado por encima de actos criminales flagrantes. La brecha entre estas industrias y sus potenciales clientes cada vez es mayor y la oportunidad de afrontar un cambio de modelo, evolucionar y adaptarse al nuevo entorno es cada vez menor.

El siguiente sector fue el de las telecomunicaciones, intrínsecamente relacionado con Internet pero mucho más veterano. Se gestó a través de monopolios estatales en los años 50-60 para establecer las redes de comunicaciones que servirían años más tarde para dar el gran salto a la sociedad del conocimiento. Todos aquellos monopolios, considerados como bienes públicos ya que requerían inversiones muy elevadas para prestar un servicio y mejorar la calidad de vida de la poblacion, fueron poco a poco privatizándose en todos los países del mundo. Las telecomunicaciones se liberalizaron, entraron nuevos jugadores que en un principio alquilaban la infraestructura estatal existente y terminó por convertirse en un sector 100% privado sin que nadie haya vuelto a plantearse que es un sector estratégico; si caen las comunicaciones en un país, cae la economía al completo.

El sector de las telecomunicaciones está en fase de reinvención: los dispositivos móviles y la transmisión de datos digitales han hecho que las telcos se enfrenten a un reto, ya no venden voz, no venden minutos, venden conexión, venden acceso a las redes de información. Hasta la fecha han sabido evolucionar y adaptarse, colisionan con otros sectores pero han sido flexibles y han escuchado lo que los clientes piden. Queremos conexión 24 horas, desde cualquier dispositivo móvil, desde cualquier punto del planeta, Queremos movilidad y flexibilidad. ¿Serán capaces de seguir reinventándose para poder ofrecer un servicio de valor añadido y no sólo una commodity?

Y el siguiente sector es el de las eléctricas. Coto privado de caza, casi todas las eléctricas provienen también de empresas estatales que realizaron, con el dinero de nuestros impuestos, las inversiones necesarias para crear las redes de transmisión y distribución eléctrica. De nuevo las privatizaciones y liberalización del mercado, convirtieron bienes públicos en privados y pusieron en manos de muy pocos un sector tan estratégico y clave como el energético. Sin entrar en el caso de España, en que la mafia de las eléctricas va más allá de cualquier límite aceptable, hay un patrón común que se extiende a lo largo y ancho del planeta: La producción de energía ha requerido siempre grandes inversiones que pocas empresas o particulares podían acometer por lo que quedaba restringida a las eléctricas que a través de sus cerrados oligopolios fijaban los precios de mercado, ante los que nadie rechistaba por falta de oferta y/o alternativa. Sin embargo el mundo cambia, la tecnología avanza y ésto ha propiciado la disminución de los costes asociados a la producción de energía renovable, haciendo factible la producción propia a un coste inferior al precio de venta que fijan los oligopolios eléctricos. A este hecho hay que añadirle la convergencia de una serie de factores sociales, científicos y económicos, corrientes e ideas que ponen de manifiesto la escasez energética a la que nos enfrentaremos en los próximos años, el expolio medioambiental que está provocando un cambio climático sin precedentes y una pérdida de biodiversidad preocupante, el crecimiento de la desigualdad entre los países del Norte y del Sur y en resumen la caída de un modelo que dejó de funcionar hace tiempo  y está íntimamente ligado al crecimiento y al superávit energético.

Ante esta situación los clientes, tanto a nivel particular como empresarial, optan por una estrategia lógica; la autoproducción, no sólo por motivos económicos, sino para conseguir niveles de resiliencia que nos alejen de la dependencia de los oligopolios eléctricos, en algo tan sumamente delicado y estratégico como es la energía.

¿Cómo ha reaccionado la industria eléctrica? De nuevo reina el pataleo y el lobbismo con los que intentan acorralar a los Gobiernos para que se regule y legisle la protección de un modelo de producción energético obsoleto controlado por un oligopolio mafioso, que no quiere que exista independencia energética ni de una pequeña población, ni de una casa, ni de su principales clientes, las grandes empresas.

La evolución y el cambio no pueden pararse o hacer que desaparezcan con leyes proteccionistas que van en contra de los intereses comunes. A lo largo de la historia y normalmente gracias a avances tecnológicos, sectores enteros han caído o se han reconvertido. Las eléctricas se enfrentan a un gran reto, la descentralización y localización de la producción, la eliminación de un alto porcentaje de la distribución eléctrica y en definitiva, la democratización energética, entendida como fácil acceso a la producción de energía limpia y renovable.

Estamos hablando de un sector clave que seguramente, junto al financiero, son los que más poder tienen en el mundo, así que su evolución sólo nacerá de la lucha de sus clientes, porque las eléctricas, ni quieren que haya independencia energética, ni que la población consiga mínimas dosis de resiliencia y se escape de su redil.

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