9 de diciembre de 2011

No hay un planeta B


Después del fiasco de Copenhage parece que la cumbre de Durban seguirá sus pasos y volverá a ser un fracaso. USA no se moja, Canadá tampoco, Europa inmersa en su actual debacle de si continua con una sola moneda o se fracciona y arrastra al mundo occidental al pozo económico, ni siquiera ha intentado aportar valor a la cumbre. En cuanto a Asia, está demasiado ocupada en no dejar de crecer como para plantear políticas de conservación y estancamiento.

El mundo se debate en las contradicciones de un modelo económico que muere, por que es insostenible, y la inercia de una sociedad occidental que se ha acostumbrado a la comodidad, facilidad y sobredemanda en todos y cada uno de los aspectos de su vida. Somos demasiados y pedimos demasiado a un mundo al que no le damos ni un respiro para poder renovar sus recursos, nuestros recursos. Más allá de la crisis de euro o del dólar, la verdadera crisis es la del agua, la de los alimentos, la de la biodiversidad, la de la deforestación, la acidificación de nuestros mares. Estamos esquilmando el mundo y destrozando nuestro propio hábitat. 

Inmersos en la codicia y la comodida y creyendo a pies juntillas las falsas promesas que los Gobiernos hacen de que con sacrificio, nuestro y del planeta, se podrá volver a crecer y mantener este sistema absurdo en el que vivimos, no nos damos cuenta de que más allá del corto plazo, marcado por la crisis financiera y de crédito, el verdadero problema está en nuestro modelo de vida. No podemos seguir consumiendo más recursos de los que el planeta genera. Es tan simple que hasta un niño pequeño lo entendería.

No nos engañemos. Nadie va a diseñar un plan B, no hay un planeta B y estamos acabando con el único que tenemos, con el que nos da de comer y nos ofrece las condiciones óptimas para una especie, la humana, frágil y débil.

La solución no va a venir de conferencias, cumbres, gobiernos o cualquier tipo de organización supranacioal. La solución debe comenzar en cada uno de nosotros y nuestro entorno. En nuestra comunidad, en nuestra forma de vida. Piensa que harías si no tuvieses agua corriente, si una sequía te dejase sin alimentos, si Europa cae en un invierno permanente porque se desestablece la corriente del Golfo...

¡Monta tu plan B! 

Entre todos podemos crear un plan B y dejar de confiar en un planeta B, que por ahora queda en el terreno de la ciencia ficción, donde debería quedar el modelo de crecimiento ilimitado.


2 comentarios:

  1. No se puede explicar mejor... La verdad es que la confianza que transmiten los gobiernos sobre este asunto es lamentable. A ver si entre todos podemos cambiar lo importante, que es el planeta, mientras les dejamos a nuestros emperadores del siglo XXI que debatan sobre el EURO y la deuda de su Monopoly particular.

    Qué triste...

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  2. Efectivamente, jugando al monopoly mientras desintegramos el sitio en el que vivimos... :(

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