12 de diciembre de 2011

¿Hacia qué modelo económico-social vamos?


Parece que el capitalismo tal y como lo conocemos está en sus últimos estertores, no sólo por la crisis financiera y de crédito, así como la medioambiental y de recursos naturales a las que nos enfrentamos, también contribuye los avances tecnológicos a todos los sectores de las distintas industrias. 

La tecnología tiende a optimizar los procesos: aumenta la productividad y reduce el número de horas-hombre necesarias. En resumen la tecnología está creando abundancia en la oferta y está incrementando el paro. También se podría ver como un incremento en el tiempo libre de los seres humanos, pero en tiempos de cambio y migración, ese tiempo libre no se valora, ya que la falta de liquidez de los parados lo convierte no en algo poco valorado, sino en algo odiado. 

La abundancia en la oferta a su vez está generando conflictos entre empresas y mercados-países. La oferta, al actual ritmo de esquilmación del planeta, podría llegar a ser ilimitada pero la demanda aunque teóricamente podría también serlo, está siempre constreñida por el poder adquisitivo de cada potencial cliente y hoy en día por la escasez de liquidez. Así que la abundancia de oferta redunda en la desaparición de aquellas empresas que, al no aplicar la tecnología adecuadamente, han perdido competitvidad y aumenta aún más la diferencia entre los países que se han desarrollado tecnológicamente y los que están aún en ese proceso de tecnificación. 

El gap crece, en productividad, en oferta, en disponibilidad de beneficios y capacidad de lobby para reinvertir en más tecnología y seguir aumentando el gap. 

[No entro a valorar la productividad de determinados mercados e industrias que por su deslocalización a países que permiten la semi-esclavitud siguen siendo competitivos]


A todo ésto hay que sumar el diabólico efecto de la propiedad intelectual/industrial, que sin ser tecnología propiamente, levanta barreras, murallas para protegerse de los que están por llegar o de los que llegaron antes pero a falta de lobbies y abogados no pudieron proteger sus inventos o sus tecnologías. 

El camino que llevamos pues, lleva a la desaparición de la pequeña y mediana empresa, e incluso a las de grandes empresas que no se adapten al cambio y en consecuencia a un aumento de desempleo importante, que junto con mercados-gobiernos-países carentes de competitividad, llevará a grandes diferencias sociales debido a la ausencia de prestaciones sociales a esa nueva clase de desempleados, que crecerá en las próximas décadas, mucho más de lo que ya ha crecido estos últimos años.

Así que en términos generales estamos andamos el camino que nos lleva hacia un modelo económico regido por oligopolios transnacionales y a un modelo social basado en oligarquías.

¿Hay otras alternativas? Yo creo que sí. La sociedad del conocimiento es uno de los mejores colaterales de la tecnificación de nuestro mundo. La creación de Internet, el acceso a la información, la capacidad para compartir y desarrollar ideas y productos en comunidad, deja una alternativa a todos los que disponen de tiempo libre (por ejemplo los desempleados). La filosofía del software libre, de los productos-tecnologías-servicios P2P, permite que sin tener la capacidad financiera y de lobby de las grandes corporaciones, haya comunidades, dispersas geográficamente, que puedan trabajar y desarrollar tecnologías, productos y servicios que den cobertura a una demanda consciente y creciente, que está comprometida con la creación de modelos sociales y económicos alternativos. 

Hay vida fuera de las grandes corporaciones para las personas y los países en vías de desarrollo que perdieron el tren de la revolución tecnológica de la segunda mitad del siglo XX. Existe la oportunidad de coger un nuevo tren, el de la sociedad del conocimiento, el de las de comunidades colaborativas que se desarrollen al margen de los modelos establecidos. Es más fácil aplicar la creatividad en equipos pequeños que en grandes empresas cuyas normas dan poco margen a la improvisación. Es difícil poder competir contra gigantes en mercados cada vez más sofisticados, con regulaciones internacionales y barreras proteccionistas como las que se levantan con las leyes de propiedad industrial. La alternativa no está en crear enanos que compitan contra gigantes, sino nuevas entidades, nuevos productos, nuevos modelos, que por sus características ni siquiera entren en competencia con los ULTRA establecidos poderes económicos.

Conviértete en un 'outsider' de forma consciente. Disfruta de estar en el filo de las normas que nos rodean. Disfruta de un pensamiento alternativo. Deja volar tu imaginación sin límites, sin que lo que se da por sentado coaccione tus ideas. Esa libertad de pensamiento es la única que permitirá crear nuevos modelos de vida para tí y para tu comunidad.

5 comentarios:

  1. En la sociedad del conocimiento, la creatividad es un factor determinante. Es una aptitud que se puede desarrollar, pero para comenzar, hay que saber quitarse el miedo a dejar volar la imaginacion para poder apalacarla con la inteligencia social.

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  2. El miedo es un gran enemigo. La mayor barrera somos nosotros mismos, nuestra programación-educación. la libertad pude dar vertigo. Nos atrevemos a tener el suficiente arrojo?

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  3. La desprogramación es el gran problema, incluso siendo consciente de ello es difícil de hacer. Los que no se desprogramen van a sufrir mucho mucho en el nuevo modelo.

    Lo mejor que podemos hacer es desprogramar a nuestros hijos

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  4. En parte la programación que hemos recibido me recuerda al libro de 'Un mundo feliz'. Es difícil salirse del camino que te marcaron desde pequeñito. Es difícil ir contra las normas establecidas que te han enseñado a obedecer, pero para empezar el cambio, es el único camino posible. Coincido en que lo más importante es crear un pensamiento crítico y analítico en nuestros hijos, que les permita poner en duda todo lo que les rodea y repensar desde 0, cómo debería funcionar el mundo. Como me preguntó mi hijo el año pasado con un tema de cono (sistema español) 'Mamá, aquí en el libro pone que trabajar es un deber ¿es eso verdad?'. Mi respuesta fue, ganarte la vida es obligatorio, pero trabajar para cotizar al Estado y perpetuar el sistema no es un deber, y si entras ahí, debes tener claro, dónde estás entrando.

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