6 de diciembre de 2010

Cuento de Navidad

Erase una vez un país al borde de la quiebra. Se llamaba España. Sus vecinos, con los que tantas veces se midió para demostrar que era mucho más fuerte que ellos, habían quebrado ya. Y los países que de verdad eran fuertes, habían tomado la riendas de la situación en la vecindad, imponiendo medidas realmente crueles para sus habitantes, quiénes tendrían que pagar los derroches y corrupción de los Gobiernos pasados, durante más de diez generaciones, mientras que los miembros de esos Gobiernos quebrados, no sólo no eran encarcelados, sino que además seguían gobernando y robando a los ciudadanos, que cada día eran más pobres.

El país de nuestro cuento era más grande que sus vecinos quebrados, y los países fuertes no se podían permitir que oficialmente quebrase, ya que les podría afectar a ellos. Pero también sabían que si no tomaban el control, el país estallaría, y les haría pedazos a ellos.

La situación era difícil. Los países fuertes debían empezar a ayudar a España. En realidad de forma encubierta, habían empezado a ayudarlo meses atrás, pero no habían conseguido el compromiso de que los ciudadanos fuesen reducidos a meros pagadores de la deuda contraída por el Gobierno. Los políticos del Gobierno español, esgrimían que su país era  peculiar, y que si aplicaban las medidas que les pedían sin más, podría haber muchas revueltas. Para hacerlo había que diseñar un plan, un plan que los ciudadanos viesen que  habían diseñado exclusivamente por y para su seguridad, y si no lo entendían de esta forma, por el camino había que allanar el terreno para que España pudiese ser declarada en estado de excepción, y así el ejército podría sofocar cualquier revuelta, además de garantizar que se cumpliese la nueva ley.

El paso previo al estado de excepción era declarar un estado de alarma en España y había que buscar la forma de ponerlo en marcha con el beneplácito de la afición. Así que los políticos del país de nuestro cuento, que no eran competentes en nada, excepto en la manipulación, aprovecharon que tenían un problema pendiente con los controladores aéreos. Era un problema de hacía mucho tiempo, el mismo tiempo que llevaban en negociaciones con sus sindicatos. Decidieron zanjar el dialógo, y de la noche a la mañana, sin avisar a nadie, aprobaron un real decreto, que establecía las nuevas condiciones de los controladores, al margen de cualquier negociación. Lo hicieron un Viernes, antes de un gran puente, y como era previsible, los cabeza de turco, embistieron como buenos miuras, y aquejados de una dolencia colectiva, dejaron sus puestos de trabajo y colapsaron los aeropuertos.

Los señores estrategas del Gobierno, con gran regocijo, consiguieron que el rey de aquel país, que estaba en un viaje por tierras lejanas, firmase el real decreto aprobado, a distancia, y aprobase, también a distancia, la declaración del estado de alerta. El ejército salvador tomaría control de los aeropuertos, restablecería el orden y los indignados ciudadanos que habían visto sus planes de esparcimiento descabalados, apoyaron unánimemente la medida. Aplaudieron al Gobierno por declarar el estado de alerta y pidieron, que aquellos seres viles, que protestaban con las únicas armas que el Gobierno les dejaba, ya que que unilateralmente habían cortado las negociaciones con ellos, fueran despedidos, despojados de sus puestos de trabajo y si podía ser, encarcelados.

Ningún ciudadano pensó, que si el Gobierno podía hacer esto con un colectivo, también lo podría hacer con otro. La policía, los médicos, los bomberos, el resto de funcionarios. El Gobierno podría modificar sus condiciones salariales rebajando un 30%, un 40% o un 50% de sus ingresos, o eliminar los días festivos de cada colectivo, o su organización de los días libres, o la contabilización de las horas extra, con tan sólo aprobar un decreto en el consejo de ministros. Y si algún otro colectivo, osaba enfrentarse al Gobierno, el estado de alarma ya estaba decretado. Se podía ir extendiendo el control militar de colectivo en colectivo. Y si fuese necesario, del estado de alerta, pasar al estado de excepción.

Aquel país, necesitaba imponer a sus ciudadanos, las medidas que les convertirían en esclavos para las próximas generaciones, y necesitaba hacerlo rápido, en los siguientes meses. Los países fuertes no les habían dado mucho tiempo para que todo estuviese en marcha. Así que con un calendario apretado, decidieron aprovechar la temporada navideña, en que la gente solía estar más desinformada y en muchas ocasiones lejos de su trabajo por vacaciones, para aprobar recortes en el gasto a través de reducciones salariales de los futuros esclavos, rebajar las pensiones o abrir la espita de eliminarlas completamente, condonar la deuda de la administración con proveedores privados (la mayoría PYMEs o autónomos), subir los impuestos... y por supuesto mantener el status quo de la clase política.

Si todo esto se podía conseguir sólo con un estado de alarma, es que el adocenamiento programado durante los últimos 15 años de los ciudadanos, había funcionado bien. Si aun quedaba el rescoldo de la rebeldía, se impondrían las medidas por la fuerza. Aprobarían un estado de excepción, propiciado por los ciudadanos que habían apoyado la declaración del estado de alarma.

El Gobierno de nuestro cuento, ondeando la bandera de la seguridad ciudadana, robó a sus habitantes lo poco que aun les quedaba de libertad. Les convirtió en esclavos, y les condenó a trabajo forzados durante más de cincuenta años. Mientras ellos, y los otros países poderosos, continuaron su dispendio, su mala gestión y la corrupción sistemática.


4 comentarios:

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  2. Me encanta...El árbol de la huelga encubierta no ha dejado ver el verdadero bosque, que es el que tú pintas o alguno aún peor...Porque esto que ha pasado no entra cabeza alguna. Lo malo es que no veo resorte alguno, al margen de internet, para tocar la tecla que haga cambiar todo esto. Es la peor recidiva de despotismo ilustrado de la Historia, con personajes donde sólo su maldad supera su ineptitud. Sálvese quien pueda...

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  3. Aunque igual lo habréis leído, os incluyo el artículo de la controladora Cristina Antón, que es polémica porque defiende en su blog (que os recomiendo)con vehemencia y de forma un poco soez, pero es que a veces o sueltas un par de tacos, o no llamas la atención.
    A mi me gusta lo que dice, aunque con reservas.
    http://www.elconfidencial.com/tribuna/controladores-aena-gobierno-decretazo-20101207-6722.html

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  4. Estoy totalmente de acuerdo con lo que dice esta tal Cristina. Es dificil asumir que has perdido un puente y que no has podido irte de vacaciones, pero la gente debería de verdad pensar, qué es lo que hay detrás de todo esto. Nos manejan como a peleles y el Gobierno está urdiendo un plan para crujir a TODOS los españoles, no sólo a los controladores.

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