28 de agosto de 2008

Vacaciones en Canada - Québec

Pues si, ya he vuelto, y parece que he restaurado el equilibrio y recuperado mi pH :)), incluso me ha dado por volver a la poesía, que tenía muy abandonada desde hace años.

Lo que hace un baño de paz, y de naturaleza!!!

Canada, un destino muy recomendable. Eso sí, las ciudades no son gran cosa. Québec que estaba de 400 aniversario, es bonita, pero lo que es impresionante es la naturaleza en estado virgen que tiene el país.

Sólo he estado en la provincia de Québec, que con una superficie similar a la Europa de después de la segunda guerra mundial, tiene tan sólo 8 millones de habitantes. El Norte lo dividen en Norte y Gran Norte. Su Gran Norte llega hasta la Bahía de Hudson, donde me hubiese encantado ir, pero que en este viaje no tocaba, quizás en el futuro.

Hemos subido de Montreal, a la ciudad de Québec, de allí a Charlevoix donde hemos estado en una cabaña de cazadores en pleno bosque, al borde del río San Lorenzo, hemos vuelto por la isla de Orleans y de regreso de nuevo a Montreal.

10 días han sido en la cabaña. Una cabaña a la que sólo se puede llegar en barco, cuando las mareas acompañan, es decir dos veces al día (en concreto una vez de día y otra de noche), y en la que no hay luz eléctrica, ni agua corriente, pero donde no se echa de menos nada de esto.


Nuestros amigos, que todo hay que decir son muy "Robinsones" han canalizado agua de un arroyo cercano, que por su propia caída no necesita apoyo de bombas para abastecer a la cabaña. Además han instalado un sistema con bombonas de gas que permite cocinar y tener un par de candiles para por la noche, e incluso se han construido su propia letrina, por no hablar del barco que nos llevaba en pleamar y a nuestros avistamientos, conocido por El Beluga, que también han construido ellos.


Ninguno llevamos reloj a la cabaña. Una bendición. Nuestro reloj han sido las mareas. Nos levantábamos casi todos los días al amanecer y antes de la marea baja (que según el papelito que nos llevamos coincidía a las 10 más o menos) los más intrépidos salían a dar un paseo en canoa o en kayak. Desayuno abundante coincidiendo un poco antes de la bajamar y excursión por los alrededores.

Yo me enganché a la ruta que llevaba a la playa o semiplaya, porque según me habían confiado, en la punta, con la bajamar, muchas veces habían visto a un rorcual que iba a comer. Un cebo excelente para mí, y piqué y piqué, pero el rorcual no apareció.

Sin embargo si he tenido la suerte de ver belugas y focas. El río San Lorenzo es uno de los habitats naturales de belugas residentes (junto con Alaska y Siberia), e infringiendo los buenos usos y costumbres que desaconsejan acercarse a las belugas a menos de 500 metros, paramos el motor de nuestra Beluga, arriamos las velas, y esperamos a que viniesen.

Son curiosas y llegaron, de una en una, de dos en dos, en familias de siete. Les encanta mordisquear el timón, así que se colocaban en la popa, y con su blanco radiante, aclaraban las pardas aguas del río San Lorenzo. Eché de menos la transparencia y visibilidad del Mediterraneo en Menorca, ese tipo de aguas habrían sido el colofón a los avistamientos que tuvimos.

Cuando se quieren dirigir hacia algún punto en concreto, sueltan grandes burbujas, para normalmente emerger después el lomo, que al contrario que todos los demás odontocetos, no tiene aleta dorsal, lo que despita enormemente para identificar el sentido de su navegación.

Las crías no son blancas sino marrones, y como siempre son las más curiosas y las que más se acercan, aunque nunca sin un adulto cerca.

Hay videos. No fotos. Pero tengo que reconocer que desde que instalé el Linux, aun no he sido capaz de montar un sólo video. Asignatura pendiente, porque tengo buen material de este verano.

Las focas en mitad del río me impresionaron. Asoman su pequeña cabeza. Curiosas. Con esos largos bigotes que les dan aspecto de director de circo y que en cuanto haces ademán de ir hacia ellas, desaparecen para aparecer a unos metros en dirección contraria, y mirarte con indignación, por haber violado su espacio y su intimidad.

Las tardes las hemos dedicado en su mayoría al remo; barca, canoa o kayak, y engancha...mucho. En España no tenemos ni los ríos ni los lagos que hay en Canada, así que la canoa la vamos a olvidar, pero el kayak...vamos a tener que explorarlo en profundidad. Es divertido. Fácil. Y genera una sensación de paz enorme.


Y las noches, en las que a todo tirar, llegábamos despiertos hasta que empezaba a subir un poco la marea (eso de las once o así), caía siempre un fuego enorme, donde preparábamos la cena, cenábamos sentados alrededor del fuego y había juegos y copas después.


El lugar del fuego estaba muy cerca de nuestra nevera natural; un recodo en el río, donde en una parte estaban los refrescos y cervezas y en otra los vinos y demás bebidas con graduación.




[Gran descubrimiento, la cerveza Maudite. Con un logotipo de una canoa voladora y que tiene detrás una leyenda muy bonita, que escribiré en otra entrada, porque sino esta se me va a hacer larguísima.]

La ubicación de la cabaña no tiene la hora nona, pero en contrapartida tiene la salida de la luna. Nuestro primer fin de semana allí, tuvimos luna llena. Todo un espectáculo ver aparecer la luna recortando la silueta de las copas de los árboles del bosque y una vez en alto, reflejarse sobre el San Lorenzo. Un camino de plata perfecto que hizo que esa noche ni siquiera nos hiciesen falta los frontales para movernos desde el fuego a la cabaña o hasta la nevera.


Para dormir sólo pedí una cosa (que mis amigos, menos mal, me concedieron): Dormir dentro de la cabaña. Es pequeña, y no cabíamos todos, pero afortunadamente tuve sitio en la litera, también de fabricación casera, en formato king size, con un colchón hinchable y un edredón de plumas, que no tenía nada que envidiar a muchas camas de hoteles de cinco estrellas en los que he pasado otras noches, de otros viajes.

Baños calientes ha habido pocos, no era plan de quedarse sin gas a base de calentar agua, y baños fríos sólo uno. En una poza, debajo de una cascada, que aunque reconzco que estaba fría de verdad, me sentó como el mejor circuito de spa que podía haber contratado.

Y hablando de spa, nuestros amigos no se privan de nada. Su última adquisición, una tina de cedro. Preciosa. Con una estufa de leña, que hacía las delicias nocturnas para ponerse a remojo a más de 40º en el agua y a unos 10º en el exterior. Tengo que reconocer que para mí era demasiado sofocante.

No nos ha faltado lluvia. 4 días de los 10. Ni frío. Todas las noches eran de forro polar, y muchos de los días también.

Es un plan diferente, para el mes de Agosto de un español, pero además de diferente es increible.

Gracias Luis. Gracias Nathalie, por haber compartido con nosostros vuestro paraíso, vuestro lugar en el mundo. Mimadlo para que os mime, os lo mereceis.

No hay comentarios:

Publicar un comentario