25 de julio de 2008

Windows ha muerto. ¡ Larga vida al Linux!

Llegué ayer por la tarde, y cual es mi sorpresa al encender mi ordenador y descubrir, que no tengo acceso a ninguno de los programas del escritorio, no puedo entrar en el Panel de Control y desinstalar nada, no puedo actualizar la base de datos de mi antivirus y a cada minuto que pasa, mi ordenador va más y más a cámara lenta.

Lo primero desconectar mi disco duro externo, que una cosa es que pierda sistema operativo y configuración de equipo, y otra es que algún programa malintencionado, trepane la info que tantas horas y esfuerzo me ha costado acumular.

Apago y arranco con el clásico CD que tenemos para estas emergencias y después de analizar desde fuera todo el sistema, me encuentro con un amplio repertorio de gusanos y troyanos, que no sé muy bien cómo han llegado, mientras que yo he estado fuera.

Tengo tres opciones, intentar limpiar el ordenador tal y como está y pensar que aquello va a volver a funcionar, formatear y volver a instalar Windows, o formatear y eliminar Windows de mi vida, para dar la bienvenida a ese Linux, del que todos hablamos, pero al que le tenemos cierta pereza.


Debe ser que he vuelto descansada de mis vacaciones, porque he optado por instalar Linux, en concreto el Debian.


Es fácil, cómodo y rápido.

He tenido que refrescar los comandos básicos de Unix, porque no me acordaba ni de uno, y el único inconveniente que le veo, es que las instalaciones de programas casi siempre van desde la línea de comandos.

Por lo demás, me encanta encender el ordenador y no ver el logo de Windows, no necesitar un antivirus, poder elegir entre múltiples versiones libres de diferentes programas, que en su mayoría dan unas prestaciones superiores a las de los programas de Windows.

Me gusta el concepto GNU GPL, y creo que debería extenderse a otros ámbitos.

La creatividad no siempre se fomenta con un sistema proteccionista como el que existe hoy a través de la propiedad intelectual, industrial y derechos de autor. Ese sistema favorece sólo a unos pocos creadores y margina al resto, deja amplias lagunas que aprovecha gente carente de toda capacidad inventiva, pero que a base de leer, cortar y copiar, escribe supuestos inventos que la maquinaria del sistema aprueba y valida como novedad, a pesar de tratarse de papel mojado, en el que casi siempre no hay actividad inventiva y lo que es peor ni siquiera hay detrás capacidad productiva. Son legajos, que en mercados como el de USA, permiten iniciar pleitos que casi siempre terminan favoreciendo al que de alguna forma consiguió una patente carente de todo valor inventivo, pero muy lucrativa en términos de chantaje.

Uno de los casos más flagrantes fue en el NTP contra RIM. NTP empresa estadounidiense tenedora de una serie de patentes con dudosa validez innovadora y carente de ninguna actividad productiva, contra RIM empresa canadiense desarrolladora de la Blackberry. RIM tuvo que pagar una cifra obscena a unos señores que no habían hecho ningún esfuerzo, ni demostrado innovación alguna. Y es que en USA hay un arancel oculto, y es el de la propiedad industrial.

Por eso alabo a Linus Torvald, y a tantos otros, que creen en modelos creativos que de verdad permiten evolucionar e innovar.

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