26 de junio de 2008

Marc Anthony - Ritmo latino

Ayer me invitaron al concierto de Marc Anthony, del que la verdad, lo único que sabía es que está casado con Jennifer López. A pesar de mi desconocimiento del artista, me resulta difícil decir que no a una invitación a un palco, así que allí fui, y tengo que decir que disfrute. Me gusta la salsa, me gusta bailar, me gusta la música y me encantan los conciertos, a los que afortunadamente, los cantantes vuelven, como refugio ante la imparable caída en ventas de CDs.

Este concierto fue en el Palacio de los Deportes de Madrid, que sin ser un estadio, es mucho más grande que un teatro o un bar, sitios en los que últimamente escucho los conciertos. Me tengo que remontar al año 90 para recordar un concierto en el Calderón, en concreto el de Bruce, y claro en los 90 iba a pie de escenario, lo más cerca posible de las barreras de seguridad, donde mayor concentración de gente hubiese.


Ayer el concierto tuvo otro sabor. Desde lejos, recurres obligatoriamente a las pantallas para seguir el concierto. Desde lejos, sentada en una cómoda silla, no vives la música igual. Desde lejos, no sientes el calor del público.

Desde lejos, así es como vi ayer el concierto.

Marc Anthony hizo prácticamente lleno, a pie de escenario no cabía ni un alfiler, y desde lo alto se apreciaba el fenómeno móvil. Las luces de los mecheros en los conciertos de antes, han sido sustituidas por miles de luces de pantallas móviles, que graban y tiran flashes para captar la imagen del concierto, que al día siguiente subirán a sus blogs, youtoubes o similares.

Desde lejos, mi foto no tiene definición, así que he pedido prestada una foto al mundo, porque sin fotos, los blogs no son lo mismo.

Las apariciones de Antonio Carmona, Alejandro Sanz y Rosarillo, pusieron al público en pie (incluida yo, que por fin me levanté de mi cómoda silla y me eché unos dancings). La salida de Jennifer para saludar al público, tipo reina, sobró, y lo que faltó fue repertorio y duración. Los conciertos son cansados para el cantante y más cuando no dejas de bailar, como hizo Marc Anthony ayer, pero el público merece como poco un par de horas de evasión e inmersión en la música que han ido a escuchar.

Desde lejos, no me importo demasiado, pero si me gustase Marc Anthony y hubiese pagado por estar a pie de escenario, creo que mi comentario hoy tendría tintes de desilusión.

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